lunes, 12 de octubre de 2015

Algo que empieza a parecerse a una rutina (Parte 1)

Cerca de un mes desde la última vez que actualicé esta página, la vida aquí está tan llena de novedades que es imposible hablar detalladamente ni de la mitad. Lo único que puedo decir es que con el tiempo que llevo aquí las cosas empiezan a parecerse cada vez más a una rutina, pero para afirmar esto debo darle a la palabra un sentido completamente diferente al que solía darle en España. No sé si sólo lo siento así debido al cambio o porque realmente es de esta forma, pero el día a día es como una "repetición" de las mismas acciones en las que constantemente aparece algo nuevo que probar o alguien que conocer. Ni aunque lo intentase conseguiría aburrirme, y es que muchas veces me descubro preguntándome cómo es que estoy lanzándole maíz a una diana o en qué momento de la media hora que hace que conozco a determinada persona me empezó a caer tan bien. Todo es muy distinto, desde los pequeños detalles hasta cosas más importantes: las clases, el espíritu escolar, las personas y su forma de ser, los horarios (porque nunca me había levantado a las 5 de la mañana tantas veces seguidas, y he aquí la causa de mi empanada hasta el desayuno de las 9), los deportes, la comida y todas las actividades que supongo serán rutinarias pero a mí me parecen increíbles. Intenté venirne sin expectativas de ningún tipo sobre el país o lo que sería la vida aquí, y por lo que he probado hasta ahora puedo afirmar que me encanta.
Por la familia sigo agradecida de la suerte que he tenido. Me siento muy, muy a gusto con ellos, estoy muy contenta y no cambiaría nada. El instituto es genial, y desde que entré en el ritmo de las clases y empecé a comprender como funciona todo no he tenido ningún problema. También he tenido mucha suerte con eso, porque aquí siempre hay alguien para ayudar y reponder pacientemente a las 900 preguntas que me surgen al día. Definitivamente la dinámica es más divertida que la española, no tengo queja con las asignaturas y los compañeros me caen muy bien. Aún así hay días en los que lo único que quiero es quedarme a solas o en los que tengo ganas de llorar sin motivo aparente, pero los escasos momentos de malestar no oscurecen los buenos. Creo que era necesario mencionarlo porque es verdad que pasa y que se pasa, sobre todo si lo hablas con amigos en general y exchange students en particular. Ellos son los que me mejor entienden esta sensación porque también la están experimentando.
Resumidos los trazos generales de la vida aquí, cómo se lleva y todo lo que va por dentro, no me apetece mezclarlo con lo que viene a continuación, que son los acontecimientos concretos y la parte más externa de la historia. Todo lo que se puede acompañar de fotos va en la entrada ligada a esta. Gracias de nuevo, porque muchos de los que leéis me preguntáis frecuentemente cómo me va y me animáis cuando lo necesito. ¡Un abrazo enorme!

domingo, 13 de septiembre de 2015

Primeros 11 días en América

Hoy escribo para contar como han ido mis 11 primeros completos días en Estados Unidos, o para intentarlo, porque debido a los cambios de hora es algo difícil determinarlo. Han sucedido muchísimas cosas en muy poco tiempo, y este último se ha pasado volando y muy lentamente a la vez. Intentaré resumir lo más interesante de forma rápida y contar un poco cómo he ido llevandolo todo.
El viaje fue agotador pero bastante entretenido. A Adri y a mí se nos retrasó el vuelo unas 3 horas, así que tuvimos tiempo de sobra para jugar a las cartas sentados en la misma mesa de embarque mientras todo el mundo pedía las hojas de reclamaciones, ver una peli (genial, por cierto), dormir y llevar cansados igualmente. Tras hora y media de espera en el control del JFK llegamos al hotel a las 2 de la mañana.
El día en New York fue muy bien y la gente muy simpática. Mi equipo era el violeta y se juntó con el rojo para la mayoría de actividades. Sin duda el mejor momento del día fue el viaje en barco por el río Hudson, ya que estaba anocheciendo y el sol se ponía por detrás de la Estatua de la Libertad. Además en ese momento nos pusieron música y acabamos bailando todos juntos en la cubierta. Fue genial y muy de película.









Al día siguiente cogimos los últimos aviones al destino y tuve la suerte de no viajar sola. Cuando llegamos estábamos muy nerviosos pero se me pasó enseguida porque mi host family me hizo sentir cómoda enseguida y tuve una buena tarde. Ese día pude por fin dormir en la que será mi cama durante 10 meses y me sentí bastante relajada, como si la ansiedad de la primera noche en Nueva York y los nervios hubiesen quedado muy lejos (al menos por el momento).
Los primeros días en casa fueron muy buenos. Nos habían advertido que podían no serlo, pero yo no me sentí triste ni extraña y pude disfrutar de un montón de cosas nuevas. También conocí otro pequeño trocito de este enorme país, porque antes de empezar el colegio aprovechamos para pasar el fin de semana en una cabaña en las montañas de New Mexico. Un sitio impresionantemente bonito en el que disfruté mucho descubriendo cosas totalmente americanas y enseñándoles a jugar a las cartas (sé que María está orgullosa de mí).





Enseguida me tocó empezar el colegio. No todo es de color se rosas y podría decir que ha sido lo que más me ha costado, y aún así estoy contentísima porque ha ido bastante bien. Hay que comprender que eres el nuevo en un instituto en el que todos tienen ya a sus costumbres y sus amigos, así que nadie necesita de tí para estar más a gusto o tener con quién sentarse a la hora de la comida. Eres tú el que tiene que hacer un esfuerzo por conocer gente e integrarte, e incorporarte a la vida rutinaria en un sitio totalmente diferente para tí. Además los exchange students tenemos la pega del idioma: como comprenderéis es algo más difícil lanzarte a darle conversación a un desconocido si estás convencido en un 95% de que no vas a entender la respuesta. Teniendo en cuenta todo esto mi semana fue bastante bien: he empezado a levantarme a las 5 de la mañana para salir a correr a las 6 (adivinad quién se ha caído ya porque a esas horas todavía está oscuro y no vio el terraplén), para después ir al gimnasio e intentar pillar las explicaciones sobre cómo hacer pesas. Estiy intentando entrar en el equipo varsity de baloncesto para la temporada de invierno. Desayunamos y comemos en el colegio y tengo que acostumbrarme a guardar y recoger cosas de la taquilla en 4 minutos escasos, y tratar de participar en clase, enterarne de lo que los profesores dicen y conocer a mis compañeros. La verdad es que ha funcionado bastante bien y estoy (casi) al ritmo. He conocido a bastante gente (aunque no recuerde sus nombres), y en gran parte de las clases me he sentido bastante a gusto. Incluso he leído mi redacción para presentarme en clase de inglés y he tratado de explicar un ejercicio de física en la pizarra. Por supuesto también he tenido mis momentos de gloria, como cambiarle el nombre a la gente toda convencida o preguntarle a la mujer que nos ayuda a escoger las asignaturas "que dónde está la mujer que hace los horarios, para hablar con ella" (con ella misma justamente, sí, aún se queda riendo). Ahora la mayoría me concocen como "la nueva", "la alta" o "la que juega al baloncesto", pero creo que para algunos he empezado a tener incluso un nombre y espero poder llegar a hacerme apreciar algo. Por lo demás es todo muy americano, sí: y para terminar pondré algunas fotos y la lista de las 11 mejores cosas que me han sucedido hasta ahora en América. ¡Muchas gracias por leer y deseadme suerte!
Las 11 mejores momentos de los 11 primeros días
-Visitando Nueva York, los estudiantes de intercambio de CIEE tuvimos una fiesta en medio del río Hudson al anochecer. Nos pusieron música y bailamos todos juntos mientras navegábamos por delante de la Estatua de la Libertad y todo se volvía oscuro al hacerse de noche. Simplemente increíble.
-Una vez en casa vimos la película oficial de la familia sentados todos juntos en el salón. Aunque no entendí mucho los diálogos, esa tarde fui un poco más parte de ellos y me sentí muy bien.
-Mientras estábamos en la montaña pudimos ver pequeñas ardillas y cervatillos a tan solo un par de metros de la cabaña. La naturaleza es realmente hermosa aquí.



-También fuimos a sar un paseo a caballo por el monte, y el guía era un cowboy de los de verdad. Me hizo mucha ilusión, aparte hablaba español y estuvimos charlando un buen rato.
-Me hizo un montón de gracia encontrarme estas dos cosas en Red River, New Mexico. Que las fotos hablen por sí mismas.



-Ver el primer partido de football en la tele, me va a llevar tiempo, pero acabaré entendiendo el deporte. Es bastante entretenido de ver (aunque no de jugar, yo no estoy hecha para estas cosas).
-La primera misa americana. También mucho más divertido de lo que estaba acostumbrada.
-En clase tuvimos un simulacro, como los de incendios, pero estábamos practicando qué hacer si entra alguien armado en el instituto. Mi vida estaba a salvo de todos modos, porque esta zona es muy segura, pero siempre está bien la información.
-Se cayó el mito de la taquilla, aquí ni siquiera necesitamos candado porque nadie toca las cosas de los demás. Deberíamos aprender en España. (Eso sí, los dichosos artefactos están diseñados para hacerte perder tiempo. Es lo menos práctico del mundo para unas -constantes- prisas).
-Saltar en la cama elástica en el patio de atrás. A mí me hizo ilusión, ¿vale?
-Cenar en un japonés y abrir una de esas galletas de la suerte. Esto no es exactamente americano, pero está en todas las películas. Además mi mensaje fue muy muy acertado: "all things are difficult before they are easy". Probablemente ese sea el resumen más acertado de la semana y de lo que queda de año.



Haciendo el cabra en el monte




Disimulando foto a un vaquero

Historia sobre Bovina


El gimnasio del instituto

lunes, 31 de agosto de 2015

Tic toc reloj, apenas unas horas

Tras una larga espera en la que he seguido de cerca los primeros días de mis compañeros becarios, finalmente ha llegado mi turno. Escribo a escasas horas de irme, por lo que en este mismo instante estoy algo agobiada, pero para ser honesta he de decir que no hay un solo estado de ánimo que predomine en esta situación. Debería hablar de nervios, de miedos, de ganas y alegría, de alivio, de morriña y curiosidad, de incertidumbre e incluso duda, de emoción... Todo un cóctel a combinar con el frenético cierre final de las maletas y los últimos recados pendientes (un consejo desde el fondo de mi corazón, da igual lo pronto que empieces a empaquetar, nunca, y digo NUNCA, será suficiente, así que si te dan la beca enhorabuena y empieza ya a pensar en comprar un adaptador y en no pasarte de 23 kilos). Los nervios están ahí por instantes, pero me siento como si todo lo que está sucediendo estos días pasase ante mí del mismo modo que lo haría una película: fugazmente, lleno de emociones pero sin llegar a afectarme del todo. Parece que esté viviendo las despedidas con la distante tranquilidad de un espectador, como si en el fondo no fuese cierto y mañana volviese a verlos a todos como siempre. Así que supongo que el peso de la situación me caerá encima en todo su esplendor en el momento en el que el avión despegue. Creo que será necesaria una prueba tan tangible como esa para darme cuenta de que las maletas que esperan en la entrada implican mucho más que un simple fin de semana de partido fuera o una excursión de clase. Eso sí, no puedo quitarme de la cabeza la sensación de cerrar una etapa a la que nunca podré volver del todo, y pensar así me pone un poco triste.

Pero vamos a ver, ¡que me voy a Estados Unidos! Ni todas las dudas del mundo podrían quitarme las ganas de recoger cuanto antes los cargadores y el pasaporte y salir pitando hacia el aeropuerto. Vamos camino de un lugar enorme y completamente desconocido, en el que no tengo ni idea de qué me  voy a encontrar, y contamos con casi 10 meses para descubrirlo. Si hay algo que tengo claro es que merecerá la pena, y ni mucho menos pienso en echarme atrás. Sobran los motivos por los que estoy deseando subirme a ese avión. Me dolerá ver alejarse España desde la ventanilla, no lo niego, pero pronto podré escribir sobre lo que pasa al tomar tierra al otro lado del Atlántico. ¡Cuesta contener la alegría al pensar en ello! Por el momento, buenas noches y buen recibimiento al ansiado septiembre. Lo mejor está por llegar...

sábado, 27 de junio de 2015

Entrega de credenciales

Pues ya han llegado las vacaciones y con ellas la nueva rutina, pero si hay algo que no cambia es mi puntual tardanza en subir entrada. Hoy hace una semana de la entrega de credenciales, último paso antes de partir hacia Nueva York (al final salgo el 1 de septiembre, tendré tiempo y tiempo para envidiar a los del vuelo del 11). Volviendo a la semana pasada, nos levantamos temprano para repetir la acostumbrada secuencia de no llegamos-no llegamos-no llegamos-vamos tarde, písale-ah pues no vamos tan tarde-espera que aún queda aparcar-vale pues vamos tarde. Contra todo pronóstico llegamos de los primeros y nos tocó esperar unos minutos en la puerta. Al entrar recogimos nuestros pasaportes y visados procedentes de la embajada -aquí es necesario el DNI, lo apunto en consideración al becario poco espabilado que va a ser el único que se lo olvide y que para nada estoy insinuando que fuese yo en esta edición-. También nos entregaron el manual del estudiante, una especie de Biblia para el exchange student en el que está la respuesta a todas las preguntas que le pueden surgir en cualquier instante de su vida. Acto seguido accedimos a la sala en la que nos reunimos por primera vez al recibir la beca, donde escuchamos a los distintos representantes de fundaciones y empresas hablar sobre años perrunos, sobrepeso de maletas y familias (tanto las que serán vilmente ignoradas durante 10 meses como las que se supone que deberían estar asignadas y no lo están). Esta parte se pasó relativamente rápido, y después de las preguntas tocó recoger uno por uno el credencial de la beca ante todo el auditorio. Como buenos embajadores de España y Galicia que somos, realizamos el recorrido sin humillantes caídas. Eso sí, los primeros planos del momento mejor olvidarlos.

Mi turno en la recogida del credencial

Dimos por finalizada la parte oficial y fuimos a tomar el aperitivo ofrecido por las fundaciones. Yo me quedé hasta que nos echaron, porque como no viajo el mismo día que el grupo principal lo más probable es que no vuelva a ver a muchos de mis compañeros hasta el año que viene. Durante este tiempo recogimos la maleta y la camiseta que nos regala el programa, sacamos fotos y comentamos sobre las familias de acogida. Como siempre el ambiente fue genial y estuvimos muy a gusto, por lo menos hasta que llegó la hora de marcharse... Voy a echar mucho de menos a toda esta gente con la que tan bien me he llevado y a la que le deseo lo mejor el curso que viene. Esto es lo malo del programa, los amigos no van a estar nunca cerca y parece que todo sucede demasiado rápido. El mejor consejo que puedo dar ahora mismo es librarse de la vergüenza, asistir a todas las quedadas que sea posible y aprovechar al máximo los momentos de los que se disponga juntos, porque cuando quieras darte cuenta tendrás a tus amigos desperdigados a lo largo y ancho del país, si no más lejos. Yo he tenido suerte de encontrar personas increíbles con las que seguro no perderé el contacto ni el cariño.

Con Area, esta foto habla por sí misma
Clara y Pablo, a quien pronto vereis en el club de la comedia
Andrea y yo en los cartelitos
Con Alex, cómo la echo de menos...
No podía faltar foto con Marta
Jorge Zebras y su camiseta rayada

Para terminar dejo enlaces a algunas de las noticias que los periódicos gallegos publicaron sobre el acto. Nada más por ahora, ojalá la próxima vez escriba orgullosamente que le he pasado la cremallera a mi maleta y no ha explotado. Cada día un poquito más cerca, ¡América nos está esperando!



jueves, 28 de mayo de 2015

Visita a la embajada americana

Todavía no me puedo explicar cómo pasa el tiempo tan rápido, pero ya estamos en mayo. Casi sin darnos cuenta llegó el día en que nos tocaba viajar hasta la Embajada Americana para tramitar el visado que nos permitirá permanecer en el país 10 meses,  así que a alrededor de las seis de la mañana nos reunimos en el aeropuerto gran parte de los somnolientos becarios. Ni siquiera la estrategia de quedarse a dormir en Santiago nos salvaba del madrugón a los que lo intentamos.
Una vez se hubo saludado la mayoría y tras la localización de aquellos que se habían perdido 5 meses de inagotable charla en el grupo de WhatsApp, con los billetes repartidos comenzamos a embarcar. Vuelo rápido para llegar a Madrid a primera hora, y desde ahí buses al edificio de la embajada.
Según bajamos nos recibió un amable agente que, arma en mano, nos instó a colocarnos en fila al otro lado de la acera. Debió de apiadarse de nuestras caras de pánico, porque nos empezó a dar conversación y así descubrimos que era de Lugo. Nuestras prisas anteriores porque "íbamos justos de tiempo" se convirtieron en 40 minutos de espera frente al edificio pasando frío y organizando el papeleo (vale, puede que también sacando fotos con el cartelito del muro).


Alex, yo, Adri, Elena, Andrea, Area y Pablo
Acto seguido entramos en el edificio en pequeños grupos y salimos en seguida, puesto que el trámite en sí llevaba bastante menos que toda la preparación anterior -eso si se obvian un par de incidentillos como que te devuelvan el pasaporte que debería permanecer allí o que salgas a la calle antes de hacer tu entrevista, que para algo somos de los 75 mejores expedientes de Galicia y hay que demostrarlo-. Para ocupar el resto de la mañana fuimos a un hotel cercano, donde nos cebamos nos dieron un tentempié y tuvimos un rato para estar todos juntos. Allí llegaron más tarde otros exbecarios que se quedaron con nosotros para resolver nuestras dudas. Observar cómo el tipo de preguntas había variado tras tantas semanas de espera, preguntas, nervios y para algunos la alegría de tener la familia daba pie a reflexión. Si ya podemos advertir que hemos cambiado ligeramente desde el 5 de enero, no soy capaz de imaginarme a las personas totalmente nuevas que se bajarán de un avión en Barajas en junio del 2016.
Clara, Adri, Alex, Marta y yo
Sobre la una tocaba marcharse, y pusimos rumbo de nuevo al aeropuerto que nos despedirá en no mucho tiempo. Cuando finalmente alcanzamos nuestra puerta de embarque  (la nosecuantosK, qué bonito es vivir en sitios pequeños) tuvimos algo de tiempo libre, suficiente para ir hasta una cafetería y sentarnos 15 minutos a pasar el sofocón causado por el precio del zumo de naranja. El vuelo de vuelta se podría resumir en fotos de becarios vencidos por el sueño, pero por respeto hacia los mismos obviaremos esta parte. Dejémoslo en que fue un buen día en el que se confirmó que hay mucha gente genial en el grupo, tanto los que ya conocía de antes como los que vi por primera vez. Al día siguiente fue mi cumpleaños, y que personas recién conocidas tuviesen algún detalle conmigo fue a la vez sorprendente y gratificante.

Aeropuerto a través, destino puerta de embarque
El avión antes de la sobadiña
Tras días como este somos un poquito más conscientes de que aquello que solicitamos al principio del curso es real, que por increíble que parezca va a suceder y se nos viene encima enseguida, da igual si estamos preparados para ello o no. Lo que importa es disfrutarlo, y eso hasta ahora ya ha salido bien. Esto es todo por ahora; seguramente la próxima entrada reflejará una versión completamente distinta. ¡Gracias por leer!

domingo, 12 de abril de 2015

Un nuevo sitio al que llamar hogar: ¡Bovina, TX!

Pues sí, aún quedan más de 4 meses para mi llegada a tierras americanas y tengo la suerte de poder anunciar que ¡ya tengo un destino! Me lo dijeron el pasado lunes 6 de abril, cuando yo estaba en Francia jugando un torneo con la selección (del que no pude salir más contenta, fue una de esas experiencias que realmente merecen la pena). Estábamos tranquilamente sentadas, yo abrí el correo como de costumbre al ver la notificación, esperando el típico spam o un recordatorio de cumpleaños de Outlook. De repente empecé a leer algo en inglés que comenzaba por "Dear Paula,", di para atrás sin entender nada y al leer en el asunto "Hello from Texas" empecé a hacerme a la idea de qué iba la cosa. Salté como un resorte y entre todo el lío de leer el correo, de estar en un país extranjero y no tener ordenador ni apenas datos en el móvil, demasiada gente con la que hablar y no saber a quién llamar primero, pues acabé llamando a mi madre. Era visto. A ella aún le llevó otro rato captar de qué le estaba hablando, pues yo no había pasado de la segunda línea del mail y tampoco sabía qué contarle exactamente. El lío que monté me costó un par de días para situarme y enterarme bien de cómo van a ser las cosas, pero aquí está:
Pasaré mi año en Bovina, un acogedor pueblo pequeñito (2000 habitantes) al oeste del estado de Texas. Me acoge la familia formada por Mindy y Terry, los padres, y Hunter, una niña de 10 años (edad que tiene mi hermana aquí). Viven en una casa realmente preciosa en la que tendré habitación y baño propios, y que también compartiré con dos perros muy lindos y dos gatos. La casa está muy cerca de mi instituto, Bovina High School, al que podré ir andando sin problemas. El barrio y el pueblo en general son una zona muy tranquila y segura en la que siempre estaré a poca distancia de las tiendas y amigos. A todos en la familia les encanta el baloncesto como a mí.





El instituto

Por si fuesen pocos motivos para estar contentísima, ellos fueron los primeros en escribirme -incluso antes de que me llegase el correo de Ana María- y han sido muy simpáticos y agradables. Me dijeron que se alegran de tenerme con ellos el año que viene y que les gusta viajar, e incluso han empezado ya a hablarme de sitios a los que podrían llevarme. Teniendo en cuenta que mis mayores expectativas con respecto a esta experiencia eran estar a gusto con la familia, conocer la cultura americana desde dentro, vivir en mis carnes el baloncesto americano y moverme para ver tanto Estados Unidos como sea posible, no me llegan las palabras para agradecerles que hayan elegido darme a mí la oportunidad de convivir con ellos 10 meses.
Por último he sabido que han aceptado que llegue un poco más tarde: aún no me habré marchado para cuando llegue el Campeonato de Europa U16 (del 13 al 23 de agosto, Portugal) así que también podría tener la oportunidad de disfrutar de eso antes de iniciar mi viaje. Mi fecha final de salida es el 25 de agosto, señoras y señores. Por otras razones personales estará entre los alumnos que salgan este día Adrián Koukoulis, un compañero de las Becas High School, por lo que siempre habrá conmigo alguien familiar cuando partamos hacia lo desconocido. Sin nada más que contar aparte de lo emocionada que estoy y lo afortunada y agradecida que me siento, me despido por ahora. Próxima parada, ¡Embajada americana de Madrid!

martes, 31 de marzo de 2015

Primeros pasos

Otro mes que ya se va. Con el trascurso de los días van informándonos sobre el viaje, y ahora una de las principales preguntas, el cuándo nos vamos, tiene ya respuesta: el 11 de agosto será el día en que cojamos un avión destino NY. Mientras tanto, los becados vamos conociéndonos mejor gracias al grupo y a las quedadas. Ayer tuvo lugar en Santiago la primera a la que yo he podido asistir:
Por la mañana temprano Clara y yo cogimos el coche para llegar a tiempo de recoger a Andrea en la estación de tren. Allí nos juntamos también con Raquel, Helena, Marga y Jorge, que venían a pie. Finalmente llegó el tren de Coruña con Brais, Lorena, Miguel y Raquel y fuimos a dar un paseo, aunque no llegamos muy lejos porque el hambre apremiaba. Por supuesto, antes dejamos constancia con el palo selfie de Brais y el Iphone de Lorena.

Clara y yo en el coche

El primer grupo en la estación 

Esperamos a que se nos uniese Diego para ir a comer. En el Burger King hicimos alarde de nuestras capacidades tratando de juntar las mesas (los 75 mejores expedientes de Galicia...) y repusimos fuerzas. Después tocó bajar la comida yendo a la estación de buses a pie a recoger a Paola y Roque, que acababan de llegar. Con ellos bajamos hasta la plaza del Obradoiro (por el camino casi perdemos a dos de los becados, a punto de ser atropellados por un autobús), sacamos un par de fotos delante de la catedral y nos sentamos a descansar a la sombra. Para un día que no llueve en Santiago... Tras la llegada de Claudia, Alex y Gonzalo, que venían desde Pontevedra, y de Krizia, por fin estábamos todos. Selfie y a seguir paseando. Lo que comenzó con la búsqueda de un Pull&Bear terminó en un parque de ejercicios para mayores, pasando por necesidades urgentes de ir al baño con sus extrañas consecuencias y alguna que otra desaparición repentina. Por desgracia se nos hizo tarde y tocó ir a las estaciones a dejar a los que tenían viaje de vuelta. Un día largo para conocar gente nueva, reírse y compartir miedos a lo que pueda pasar el año que viene, aunque priman las ganas de que llegue agosto.

Tras la caminata, ya con Pao y Roque

En el Obradoiro con el sol 
en toda la cara

Con Andrea antes de que
cogiese su tren de vuelta

Sinceramente me lo pasé muy bien con este grupo de gallegos del Frente Ortega, espero que tengamos más oportunidades de compartir momentos así antes del viaje a la embajada. Mientras tanto y ahora que tenemos fecha de partida, toca mirar para la cuenta atrás y rezar por que llegue algún correo de Ana María. ¡Días como el de ayer confirman que echar aquella solicitud en octubre ha merecido la pena!